Las realidades humanas complejas han orientado la necesidad de generar un rompimiento con el monismo metodológico que durante años privilegió al método experimental y sus derivados como las únicas alternativas de construcción de conocimiento científico (Sandoval, 1996). En este contexto, la perspectiva cualitativa de la investigación propone diversas formas de entender y conocer las realidades que configuran lo humano, en donde la subjetividad y la intersubjetividad posibilitan la construcción del conocimiento.

De acuerdo con Denzin y Linconln (2012), “la investigación cualitativa es una actividad situada, que ubica al observador en el mundo, consiste en una serie de prácticas materiales e interpretativas que hacen visible al mundo y lo transforman” (p.48). Desde esta perspectiva se resalta el carácter dinámico, único, multifactorial, contextual, histórico de la realidad, así como la posibilidad construir conocimiento y a la vez generar procesos de transformación.  



Las realidades humanas complejas han orientado la necesidad de generar un rompimiento con el monismo metodológico que durante años privilegió al método experimental y sus derivados como las únicas alternativas de construcción de conocimiento científico (Sandoval, 1996). En este contexto, la perspectiva cualitativa de la investigación propone diversas formas de entender.


El trabajo comunitario ha sido considerado como una necesidad ligada al desarrollo humano y social (Montero, 1980). Para los seres humanos como seres sociales, la participación es una condición que determina su existencia y que tiene un carácter histórico, social, cultural, económico y político. En este sentido, se trata de “la acción o conjunto de acciones colectivas, acordadas reflexivamente y orientadas a la autogestión en la solución de los problemas y satisfacción de necesidades, en donde se instauran principios de cooperación, solidaridad y ayuda mutua” (Arango, 2006, p. 135).

 Lo comunitario constituye un marco de referencia crucial para la comprensión de los procesos relacionados con el bienestar/malestar humanos, por esta razón se han desarrollado diferentes estudios que aportan a la comprensión de la relación comunidad y salud, resaltando la importancia de la participación y organización comunitaria como un proceso necesario por sus efectos democratizadores sobre la sociedad, así como las consecuencias para la salud de población, concibiendo a la participación como una estrategia que brinda mayores posibilidades de éxito a los programas. De acuerdo con la Declaración de Alma Ata (1978) el único camino para superar las limitaciones y la inequidad en la distribución de los recursos para asegurar la meta de Salud para Todos es el involucramiento de las  comunidades locales, esto es, la participación activa en los procesos de identificación de las problemáticas, desarrollo de alternativas que propendan por su bienestar y el seguimiento de las acciones institucionales.

El trabajo comunitario está orientado al fortalecimiento, problematización, desideologización y concientización de las situaciones de vida de las personas, por ello, se trata de un proceso generador de ciudadanía, que desde un componente ético y político busca transformaciones en el entorno, en el modo de vida y en la capacidad de las personas que integran una comunidad, influyendo en las relaciones de poder, en el orden y en el desorden social (Montero,2003).

 

 

El trabajo son comunidades implica reconocer los factores culturales, políticos, ideológicos, ambientales, de concepción de la vida y el ser humano, que permean los procesos de salud/enfermedad, por ello, se hace necesario superar las brechas que separan lo popular de lo científico, trascender el plano informativo y fomentar la acción razonada, consciente y crítica, ello implicará devolverle a la comunidad la responsabilidad sobre sus vidas, así como el reconocimiento de su capacidad para asumir dicha responsabilidad.